El autobús Valencia - París
En una escena de la película de Woody Allen “Match Point” una pelota de tenis toca en la red, sube vertical un metro y a cámara lenta desciende dejando al espectador unos segundos en vilo sobre el campo en el que, al final, aterrizará. De caer a un lado, la vida de los jugadores será de una manera, de caer al otro, será distinta … como la vida misma. Otra película, “Dos vidas en un instante” (Sliding doors), muestra qué puede ocurrir cuando la protagonista – Gwyneth Paltrow- entra en el Metro en el que se desplaza a trabajar y sigue la vida normal y rutinaria o, un segundo antes, se cierran las puertas, pierde el tren y ocurre algo fortuito que cambia su vida radicalmente.
Este ejemplo
sirve para ilustrar cómo fue, en mi caso, pero probablemente en el de otros
muchos compañeros, la decisión, la oportunidad o la carambola de entrar en el
INEF en 1973 …
La elección de
estudiar en el INEF en esa fecha tenía un componente vocacional inmenso,
indiscutible, difícilmente repetible hoy en día en la mayoría de las personas
que se incorporan a estudios similares … Los que podían “estudiar” -que eran
muy pocos en España todavía- se orientaban, primero, a carreras aceptadas
socialmente e integradas en la Universidad -ser universitario era entonces un
estatus social, no lo olvidemos-; en segundo lugar, a permanecer en sus lugares
de residencia o en las ciudades más cercanas; y una minoría pudiente, a
desplazarse a centros privados de elite o en el extranjero. Estudiar en el INEF
en 1973, pudiendo estudiar otras cosas más serias en tu ciudad o en la capital
de provincia o región, era una provocación… y estoy seguro que, para muchas de
nuestras familias, una decepción.
¿Qué factores, elementos, circunstancias o situaciones se dieron para que tomásemos esa decisión …? Yo voy a intentar resumir las mías…
