Ahora que tienes tiempo
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Ramón con Zubimendi. Una pirueta del tiempo |
Lo siento chicos, según criterios de la OMS, estamos, unos más que otros, metidos en la vejez. El tema va por rachas; hay días en los que aborrezco los achaques que van apareciendo, la torpeza y los olvidos imperdonables. Otros, en cambio, disfruto del desayuno tranquilo mientras leo la prensa, del mordisquito furtivo al currusco cuando salgo a comprar el pan, de la libertad de opinar y decir lo que pienso sin sometimiento a casi nada. En esencia, es una satisfacción poder estar menos ocupado y poder dedicar el tiempo a pensar y sentir.
Alguien dijo que uno se hace viejo cuando mira más
al pasado que al futuro. Estas líneas son una mirada por el retrovisor a los
años transcurridos inmersos en el mundo real lejos de Obispo Trejo, espero no
caer en exceso en la nostalgia, que no es otra cosa que el dolor que produce la
pérdida o ausencia de un lugar, un amigo, o un tiempo en el que vivimos felices,
aunque no lo sabíamos.
Un aspecto diferencial de nuestra labor, bien como profesores, entrenadores, gestores, con respecto a otro tipo de trabajo, ha sido el contacto estrecho con las personas, con sus emociones. De alguna forma, hemos sido el médico de los sanos o bien, hemos gestionado para que así sea. En mi caso, el trabajo desarrollado a lo largo de estos años ha simultaneado la labor docente en una escuela de magisterio con la de entrenador de atletismo.
Ser profesor de futuros profesores, me ha parecido
un acto seducción: ofrecer a los alumnos una actividad en la que crees de tal manera
que percibas en sus caras aprobación, agradecimiento y la convicción de que en
su futuro laboral serán sensibles a la actividad física como medio y fin
educativo, ha sido una experiencia gratificante. Encontrar antiguos alumnos que
te transmiten la huella que dejó en ellos aquellas clases, de las que tú
dudabas de su impacto, y cómo han podido incidir en su vida, produce una
profunda alegría. Creo que es una experiencia que muchos de los que nos hemos
movido en este ámbito hemos vivido.
Con mi otra faceta, la de entrenador y dirigente
deportivo de media y alta competición, he mantenido un diálogo algo más
complicado. He dudado en ocasiones de su legitimidad, del porqué deben
utilizarse los recursos públicos para ello y del cómo se retorna esa inversión
a la sociedad. He encontrado respuesta a mis incertidumbres en dos aspectos. El
primero es que los deportistas deben ser referentes y un buen ejemplo, en su
comportamiento y actitud, para los jóvenes, respetando las normas y a los
compañeros y el segundo, representar dignamente a la sociedad que te ha estado
apoyando compitiendo bien y sin hacer trampas. He encontrado en los deportistas
de alta competición y en los técnicos, al menos en el mundo del atletismo,
gente de enorme valía. Es cierto que existen egos sobredimensionados y que
erróneamente se puede tender a generalizar este comportamiento en todo el
colectivo, y también es cierto que alguno sucumbe a la tentación de hacer
trampas, pero esto sucede no mucho más que en cualquier otro de grupo social.
En líneas generales, por lo que he podido ir comentando con compañeros de entonces, hemos sido un colectivo relativamente feliz en cuanto al tema laboral. El contacto con la naturaleza, con la actividad física y la salud, con lo lúdico y educativo, me hace pensar que no nos equivocamos al elegir esta vocación. Que acertamos al elegir unos estudios a pesar de que, quizás, “podíamos haber estudiado otra cosa”.
Actualmente tengo puesta la etiqueta “ahora que
tienes tiempo…”, que junto a la torpeza de no saber decir “no”, me mantiene en
unos niveles de ocupación moderadamente altos. Muchos continuamos siendo
“fáciles” para vincularnos a actividades de forma altruista. Es el eterno sino
del gremio, qué le vamos a hacer.